Algunas cosas excitantes.

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En cuanto la vio con el pelo suelto y revuelto, John se enamoró de ella y olvidó a su mujer, Stephanie. No es que estuviera impaciente por encontrar a otra que tomara las riendas de sus fantasías, era sólo que ella, la nueva vecina, Jane, representaba la ilusión apasionante, que en casa ya había perdido.
Podría pensarse que su enamoramiento era una vía de escape. Al principio tal vez lo fuera. La libertad, la novedad. Sin embargo, a medida que la trataba y coincidía con ella, la fascinación se prolongaba, y finalmente, se apoderaba completamente de él hasta la madrugada, donde pensar en su nuevo objeto de deseo se convertía en un problema. Porque cuando amaba su esposa, esta desaparecía. Eran los hombros de la mujer que había conocido en el vestíbulo, su clavícula marcada, la larga melena castaña junto al rostro de niña caprichosa, la que atesoraba con trémula satisfacción en su cabeza.
La sombra de su secreto era una soga, un nudo corredizo al extremo de una soga suspendida de una viga.
– John…- susurra Stephanie, dulcemente-. John. ¿En quién pensabas cuando me hacías el amor?
Su voz era débil porque temía que si se ponía a chillar su marido daría una sacudida a las sábanas, abandonaría la cama y la dejaría sola con su incertidumbre colgando de la soga.

John, comenzó esperando ver aparecer a su vecina Jane, cada mañana, luego deseando que apareciera por la tarde, acechando por la mirilla al escuchar el sonido de las llaves en el rellano… Lo cierto es que no podía dejar de pensar en ella. Primero para calmar su espíritu, y ya después al margen de su voluntad, para intentar salir en busca del placer absoluto de lo prohibido e inalcanzable.

“Algunas cosas excitantes”
Los Hombres que escribían para enamorar a las mujeres, de  Kuki Garcia Kirsch.

 

                                                                  beso-1968-campus-stellae

 

 

 

Pero, ¿y Stephanie? ¿Era la esposa y madre de sus hijos, entregada y sincera, que John creía? ¿Realmente pensaba que era el único que guardaba secretos? ¡Qué iluso!

 

 

El mundo interior de cada persona es un cosmos oscuro y desconocido, escondido en una galaxia, a veces, a años luz de los más allegados. Y es ese detalle, tan propio nuestro, esto es, la intimidad del pensamiento y nuestras circunstancias, nuestro YO más personal y desconocido para los demás, una constante inspiración para muchos escritores, guionistas y productores, por ser uno de los temas más apasionantes y sorprendentes, a la hora de crear una historia y unos personajes.

 

 

Una de las razones que me llevaron a escribir mi novela, LHQEPEALM, fue la pasión que siento por el comportamiento humano y todo lo referente a sus funciones psíquicas: nuestra mente, pensamientos, conciencia, intuición, voluntad, emociones, etc., entorno al amor , al sexo, a los secretos. Y muy en especial, al conocimiento de uno mismo y a la tolerancia que nos permitimos.

Cada uno somos únicos y diferentes. Una reflexión personal me llevó a pensar, que , respecto a los sentimientos de pareja, (tema que trato mayoritariamente aunque no el único), estamos divididos en dos categorías, según nuestros comportamientos en asuntos del corazón:

 

 

                                                                  Satélites y Planetas.

 

Los satélites, por su naturaleza en constante órbita alrededor de su Planeta, sostienen la mayor parte del peso de la relación; suelen ser más cariñosos, tolerantes, comprensivos, sensibles y atentos. Los Planetas, en cambio, son aquellas personas que aman, sin duda, pero de modo distinto o a su modo, debido a su carácter reservado, frío o distante. Suelen necesitar de manera vital un satélite que gire alrededor suyo, por esa misma incapacidad que sienten a la hora de expresar sus sentimientos (por lo que sea.) Un satélite le equilibra , con sus atenciones, y con su órbita alegre y constante.

 

 

Las combinaciones pueden ser:  Satélite-Satélite.

                                                        Satélite-Planeta.

                                                        Planeta-Planeta.

 

Ahora, entre estas combinaciones,  ya podéis imaginar mil situaciones, escenas y circunstancias posibles, en asuntos de  Heart. 

 

 

 

 

 

satelite_natural

 

 

 

Aunque todos, tanto Satélites como Planetas, necesitamos volver a nuestra luna o Tierra de origen, para estar “con nosotros a solas”, una de las citas más deliciosas y necesarias.

 

 

En la novela, Los Hombres que escribían para enamorar a las mujeres,  encontraremos únicamente dos escenarios, y un tiempo muy limitado: Una cafetería de carretera en un pueblo de pesebre de los Pirineos, una masía donde conviven cuatro peculiares mujeres; y 24h. para una trama sin parangón.

 

 

Planetas y lunas, en constante movimiento, en busca de ajenos, propios u otros universos donde habitar a ratos.

 

 

Algunos capítulos:

 

LHQEPEALM.

La edad de la inocencia.

Algunas cosas excitantes.

Como el agua para el chocolate.

Nadie puede evitar enamorarse.

Próximamente.


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