Carta a un amante descosido del bolsillo interior de mi abrigo, y sentado en una silla.

· · · · · · | Narrativa

Ha nevado toda la noche.

 

El amanecer huele a frío y a humo de chimenea. El horizonte, a madera alpina.

 

Me fundo mientras bostezo en un abrazo con mis telas y mis brazos; profundo y reconfortante.  Me cuesta abrir los ojos no vayas a irte tan pronto, pero siento que las nubes ya pasaron por la cima de mis pechos y se lo llevaron todo. Incluido a ti. (Lo sé porque hay un riachuelo bordado a la calle con hilos de púrpura y plata, que arrastra entre los pliegues del agua, sueños de anoche y otras alegorías.) Pero, afortunadamente lo recuerdo todo.

 

¿Sabes, mi amor ignoto?

 

Estuvo bien tenerte dentro. En los campos de sillas solo cabe hacer el amor pensando en el otro. De ahí lo bonito. Nos partimos en mil , básicamente porque si tú te rompes yo me rompo, y con vidrios de colores levantamos un Taj Mahal imponente. ¿Puedes sentirlo? 

Fue en ese momento cuando dije (despacio y sin apenas sílabas) que te sentaría bien mojarte los labios en el caño de mi boca. Y dispuse las mil y una noches de tu cara y las planté de hierbabuena y me abrí camino en los carriles de tus frente y pasé descalza por los huertos de tu espalda y volví hasta las curvas de tus labios y bajé hasta los confines de tu vientre y ya luego… Luego apareció un vergel en el antiguo campo yermo de sillas; brotones de esperanza, libélulas de colores, cascadas de flores, arbustos apretados, alfombras de hiedra, escalones empedrados, poesía cantada a viva voz para ti, para mi… Y un banquito para que nos estemos juntos y quietos al menos por un rato.

 

Ha nevado toda la noche. Pero la tormenta, una vez más, no ha podido con lo nuestro. Ni con el bolsillo interior descosido de mi abrigo, ni con la silla sin pata, o la poderosa imaginación sin sílabas ni artificios que me protege del mundo. Y hasta de ti.

 

Vuelve. Nunca y siempre, ahora, o tal vez después del párrafo siguiente, pero ven sin sombra ni nombre, sin rostro. Y arrastra contigo hasta estas cumbres de nieve iridiscente, solamente, a la que me dejé olvidada en ti un día, desde hace infinito, que soy yo.

 

 

Gala Reeves Picasso. (Protagonista de la novela en la que actualmente trabajo: “Cualquier día de estos…” )

 

 

 


No Comments

Leave a comment