Crónica de una infidelidad anunciada.

No Tags | KGK

 

En el interior del Bar Pics, dos amigas, conversan.

caf_3_thumb

 

 

Queda claro que es más fácil ser infiel a un cabrón, que a un hombre maravilloso.

 

 

-¿Sabes? No quiero pensar demasiado… Pero, a veces, le imagino solo, en su vejez, apostado junto a la ventana, con la mirada perdida en el vacío; preguntándose qué coño pasó, en qué momento y por qué; cuando comenzaron a torcerse los renglones en nuestro matrimonio. Posiblemente no entenderá nada, porque él me lo dio todo y yo se lo daba todo cada puto maravilloso día que pasamos juntos. Seguramente se medicará de su propia autoestima, antes de plantearse, que nada podía prever el desastre. ¿O si? Bien mirado, encontrará entre los restos de los días, uno de tantos que hubo en veinticinco años, donde se tuvo que haber dado cuenta de mi retraimiento; una gran masa de agua retirándose de la orilla, retrocediendo lentamente hacia el epicentro de una mujer nueva que busca una fuerza superior, que la saque de su estancamiento. Y tuvo que haber otro de esos días, donde la ola debió armarse del tamaño de una montaña, y después arrojarse a los infiernos para anegar todo lo viejo. Entonces, necesitará echarle la culpa al hijo de puta que me arrancó de su lado. Sí…Fumará compulsivamente, querrá consumirse en cada calada, tragarse la desgracia y alojarla en los pulmones, así podrá reventar a placer, y acabar con los recuerdos que escuecen como gotas de limón sobre heridas lacerantes.

O quizá fumará, no para tranquilizarse, sino para echar el humo sobre ideas perversas que se parasitan  en el corazón, sin quererlo… Quien sabe… -Celeste pronuncia la ultima palabra aún con la mirada clavada en la servilleta que ha doblado compulsivamente, durante la conversación,  una docena de ocasiones-.  ¿Cuál crees tú que será su reacción?

-Bueno, no te tortures. No has hecho nada. No ha pasado nada. No sé como reaccionará. El alcalde es imprevisible.

-Todavía…

– Entonces, ¿quieres que ocurra?

-No… o sí. Por favor… ¡Sí! ¡Quiero que pase, joder!

-Entonces, qué Dios te ayude. Ya nada esta en tus manos.

 

 

 

Sin título

 

 

 

La mujer del alcalde acercó ligeramente la silla a la mesa, echó el cuerpo hacía adelante y acortando distancia, susurró:

 

 

 

 

– Yo solo quiero que me quieran. No, tampoco es eso. No se si me entiendes…A ver, a mi lo que me gusta es gustar -Celeste pasó la mano derecha entre el cabello hasta llegar al cuello-. ¡Uno, dos, cinco, diez docenas de hombres, que más da! ¡Solo quiero sentirme deseada!

-Cariño, eres una mujer maravillosa y  muy deseable. ¡Cuántas quisieran estar como tú!

 

 

Celeste está dispuesta a soltar lo que sea sin atender a complacencias.

 

 

-¡Deje toda mi vida atrás, ¿sabes?! ¡Los estudios, mi trabajo, mis aficiones, mis deseos! ¡Todo se lo entregué a él! Ahogué en un cubo de agua mis aspiraciones y sueños y ahí están desde hace veinticinco años. ¡Veinticinco! A veces me despierto por la mañana y pienso: Vale, ahora llevarás los niños al colegio, harás la compra mientras piensas que pones para comer, tendrás los santos ovarios de tenerle el plato en la mesa, el pelo recogido para aparentar pulcritud, y la cara bonita; por si te mira, y pudiera apetecerle soltarte algo alentador. Después recogerás los niños, te pondrás a los deberes y a la cena. Y al tocar las doce, frente al espejo del baño, te miraras de soslayo el rostro y el cuerpo. Advertirás que, quizás, solo quizás, pudieras  levantar alguna pasión todavía; que no estás nada mal, que podrías gustarle a alguien que aprecie tu belleza madura…Pero ese pensamiento al tocar el aire, se  marchita, se consume y cae pulverizado a los pies. Entonces te acostarás agria, cortada como la leche vieja, destilando desilusión y cuajerones de desesperanza. Te taparás hasta la cabeza, con suerte él vendrá con sueño y te dejará en paz…Pero solo con suerte.

¡Oh, sí, que gran aventura! ¡La aventura de mi vida!

 

 

Celeste tomó aire. Levantó los ojos lentamente y los clavó en la diana visual de su amiga íntima.

 

 

-Pero apareció él. Doce años más joven que yo. ¿Qué locura, verdad?- preguntó entre los espasmos de una risa forzada-: Sexo virtual, lo llaman. ¿Lo sabías, querida? Y lo mejor es que puedes llegar a correrte. ¡Dios! Me vuelve loca con sus frases y sus comas, con su manera de seducirme a golpe de tweet, a fuerza de estados.

¿Sabes lo que dicen?

 

 

 

Agreste Durán torció la boca mientras negaba con la cabeza.

 

 

– Dicen que si te enamoras de un cuerpo, tiene solución. Si te enamoras de una mente estás jodido. ¡Estoy muy jodida, Agreste!

-Tómate el café. Tranquila anda…No digas nada más. Nos van a oir…

-Estoy muy mal.

– No, qué va. Eso le debe pasar a muchas personas, cielo. La mayoría tiene sexo por internet. A lo mejor, quien menos dirías…

-Ya no le quiero, ¿verdad? A Pablo… ¿Es eso?

-El amor que pudo morir, no era amor. Es una cita de Bob Marley. Tú sabrás. Además, no has hecho nada físico, me refiero.

-Pero, a mi me gustaría conocerle. Me muero por tenerle cerca, por saber como huele, como besa y como me follará de verdad.  Y sé que ocurrira. Tarde o temprano, pasará. Y eso es apasionante y a la vez perturbador…

Agreste  colocó la palma de la mano sobre la de ella todavía apoyada sobre la servilleta. Le traspasó un calor que Celeste agradeció.

Luego dijo tranquilamente:

-Cuida muy bien tu reputación, porque vivirá más años que tú.

 

 

 

 

 

 Los hombres que escribían para enamorar a las mujeres.

de Kuki García Kirsch.

libro-800

 

Próximamente.


No Comments

Leave a comment