Cualquier Día de Estos…

No Tags | KGK · Narrativa

Día 1

 

Esto es diferente.
Y va a hacer que algo cambie. Seguro que sí. Sin familia, sin amigos… Pero sobre todo, SIN MIEDO.
Quiero superar el miedo. Este pánico irracional que me impide avanzar en la vida, que me come por dentro. Que muerde y tritura lentamente mis órganos internos. A veces me parece que estos no son más que algas marinas y tiernos brotes que nacen únicamente destinados para alimentar la permanente preocupación que habita en las profundidades de mi cabeza. Un desasosiego labrado por años, enraizado en el corazón del pensamiento.

 

Pero, ahora, emprendo algo nuevo y arriesgado. Y me siento bien. Y estoy tranquila; abrazando como si se tratara de mi almohada, a una confianza recién nacida, blanda y desnuda, a la que yo ya creía rota y despojada, como un nido vacío.

Ya lo dijo el doctor Coleman: ”Una escapada a solas debe ser una experiencia increíble: está por un lado la posibilidad de escucharme, hablar conmigo (como ahora), discutir, llevarme la contraria; o no. O bien, hacer lo que me dé la gana, salir, entrar, dormir, comer, cuando quiera y como yo quiera, sin tener a nadie revoloteando alrededor. ¡Libertad! ¡Qué sensación más agradable!”.

 

Ha sido una buena idea reformar el viejo refugio de mi padre. Pero, ¿seré capaz de llegar hasta allí arriba, a pie y cargada como una mula? Últimamente, no estoy en una esplendida condición física, que digamos. En fin, ahora que ya estoy de camino, no tiene remedio. Hay que seguir hacia delante.
Desde pequeña me ha encantado la montaña, especialmente el senderismo, y aunque previamente tenia algo de experiencia haciendo caminatas cortas, nunca había realizado un trekking de varios días, ni a alturas por encima de los 3.000 metros, ni mucho menos sola. (Me daba miedo).

 

¡Esto es un reto! ¡Y lo estoy consiguiendo!

 

Me gusta estar en silencio mientras camino: Puedo escuchar la voz de mi alma…

 

El sendero comienza suave y progresa paralelamente a unos muros de piedra seca. He encontrado un precioso río cristalino algo agitado por las corrientes, con sus pequeños saltos de agua, sus nudos remolinos estampando la superficie, sus contornos oscuramente perfilados con los restos del naufragio de un bosque, seguramente a consecuencia de alguna fuerte tormenta, y luego están los pajarillos, que entrecomillan el paisaje, acentuándolo, con sus voces de mil colores. Ante la belleza, enseguida aflora esa parte de mi, que todo lo adorna de lazos sintácticos. (Nunca lo voy a poder evitar.)

 

El sonido del agua, aquí, aún alegre y bullicioso como un niño contento, curiosamente, forma parte de la naturaleza del silencio. Sus raíces anfibias, vibrantes, avanzan desde el seno del río, por cuya orilla me deshago en pensamientos, hasta mis pies embarrados; y desde ahí ascienden como tallos aterciopelados junto a los tibios muros de mis piernas, hasta anillarse en el obelisco del cuello. Como si ese constante golpeteo acuático tuviera conmigo un compromiso.

 

Tal concierto ha acabado por enraizarse en mi cabeza.  Ruidosas campanillas del agua que, paradójicamente, conceden nubes de paz, y una nostálgica felicidad transitoria. (Cómo me gustaría compartir esto contigo.) ¡Qué maravillosa sensación sentir este caudal alegre parte de mi cuerpo! ¡Cómo un todo que llena mis arterias y venas de vida! Esto es altamente sanador.

 

Respiro hondo, muy profundamente, para atraer hacia mis adentros los trinos cosidos en el aire, un trocito del cielo de junio, y la fragancia del narciso. A ti conmigo.

Creo que es en este momento cuando se forja un recuerdo.

(Siempre acabo convirtiendo todo lo que veo en un maldito párrafo descriptivo… ¡Ay, por favor! ¡A veces no puedo conmigo!).

 

 

-KGK (C)

 

 


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